



Con un ambiente de gran expectativa espiritual, el Retiro de Pentecostés 2025 dio inicio en la Iglesia Presbiteriana Immanuel de Asunción. El primer día comenzó con un mensaje poderoso y esperanzador, lleno de consuelo, promesa y dirección. El pastor Denilson Reverón predicó sobre el tema: «El Espíritu Prometido: El Consuelo que Transforma», basado en Juan 14:1-27, haciendo un llamado claro y profundo a no dejarse dominar por el miedo, sino a recibir el consuelo y el poder del Espíritu Santo como la mayor promesa de Dios para su Iglesia.
«Jesús no dejó huérfanos a sus discípulos, ni nos ha dejado solos», comenzó Reverón, citando las palabras del Señor antes de ir a la cruz: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí».
En un momento en que muchos creyentes viven atrapados en la ansiedad, la confusión y el agotamiento espiritual, el pastor proclamó con firmeza que Jesús ya ha provisto todo lo necesario para vivir en paz: el Espíritu Santo.
Refiriéndose a Juan 14:16: «Y yo rogaré al Padre, y les dará otro Consolador, para que esté con ustedes para siempre», el pastor enfatizó que esta promesa no es simbólica ni emocional, sino real, viva y eterna.
«El Espíritu Santo no es una fuerza ni una emoción. Es Dios mismo que mora en nosotros, la garantía de que no estamos solos y de que podemos tener paz en medio de cualquier tormenta», declaró.
Reverón trazó un poderoso paralelo entre la ansiedad de los discípulos al enterarse de la partida de Jesús y la ansiedad que paraliza a tantos creyentes hoy.
«Estaban angustiados por la partida de Jesús, pero él les dejó una promesa aún mayor: ‘No los dejaré huérfanos; vendré a ustedes’». Hoy, Cristo mismo viene a nosotros por medio del Espíritu. Sin embargo, muchos siguen viviendo como abandonados —comentó con sinceridad—.
Durante su enseñanza, también citó Romanos 8:15-16: «Porque no recibieron un espíritu de esclavitud que los lleve de nuevo al temor, sino un Espíritu de adopción… el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios». Y añadió con autoridad:
«El Espíritu no fue enviado para entretenernos, sino para transformarnos. Nos hace testigos vivos del Reino de Dios».
Uno de los momentos más impactantes del mensaje fue cuando recordó la promesa de Juan 14:26:
«El Espíritu Santo… les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho». A lo que añadió: «Ya no podemos decir que no entendemos la Palabra. Si tienen el Espíritu, tienen al mejor maestro. Él consuela, pero también ilumina, corrige, guía, confronta y fortalece». También hizo una enérgica exhortación a no ignorar ni despreciar esta promesa:
«No esperamos una nueva revelación. ¡Ya fue dada en Pentecostés! El mismo Espíritu que descendió sobre los apóstoles está disponible hoy. ¿Lo anhelas? ¿Lo obedeces? ¿Le haces espacio en tu vida?»
En un tono pastoral pero directo, denunció la superficialidad de muchos cristianos hoy:
«Tenemos Biblias, templos, redes sociales, luces… pero nos falta fuego. El Espíritu no es solo para el culto dominical. Es para el lunes, para el trabajo, para las decisiones, para los momentos en que nadie te ve».
También confrontó Gálatas 5:16-17:
«Andad por el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne». Y declaró: «Si no andáis en el Espíritu, andaréis en la carne. No hay término medio. O os gobierna el Espíritu, o os gobierna el ego. Pero no se puede servir a dos señores».
Finalmente, condujo a la congregación a un momento de profunda reflexión con las palabras de Jesús:
«La paz les dejo, mi paz les doy; yo no se la doy como el mundo la da». Y concluyó con estas palabras: «La paz del mundo es momentánea, superficial y frágil. Pero la paz de Cristo es el resultado de saber que no están solos, que Él está en ustedes y que el Espíritu ha venido para quedarse».